sábado, 5 de junio de 2010

TAN SOLO UN INSTANTE

Al compás del canto

de las golondrinas al atardecer,

giré la mirada sin un destino

y la vi aparecer.

De pronto mi mundo,

mi ciudad y mi ser

quedaron inundados por

la maravilla de aquellos mares.

Azules e intensos se veían

exaltados por el radiante sol

que se posaba a lo largo de su rostro:

haciendo de la noche el día.

La vi,

nos miramos…

y segundos después:

la perdí.

No conozco más que

tus ojos y tu pelo,

quizás el destino,

quizás para luchar contra ello

entre imaginación y recuerdos

aún te describo.

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