La mayoría de las veces el ser humano, como ser imperfecto que es, tiende a aprehender ciertas actitudes o comportamientos extraordinarios sólo bajo el yugo del dolor y la desesperanza, cualidades que deberíamos adoptar desde nuestros primeros instantes de vida pero que únicamente se dignan a florecen en situaciones de autentica desesperanza.
Hoy cuando una persona, cercana y muy querida por mi, me daba la fatal noticia de que su madre había enfermado de cáncer me di cuenta que realmente las desgracias nunca vienen solas.
Quizás después de mostrar mi empatía con este viejo refrán penséis que me desviaré en mi escritura hacia otro tipo de calamidades o situaciones de sabor no precisamente dulce.
Pero no, prefiero desviar la atención hacia la parte buena, si es que la tiene, de tales desgracias.
Como antes decía las desgracias no vienen solas y con ello me refiero a que en momentos límite tendemos a mostrar nuestra mejor y desinteresada cara. Somos capaces de hacer cosas increíbles por las personas de nuestro entorno cuando lo pasan mal.
Pero, ¿y cuando los momentos son buenos?
El ser humano tiende por naturaleza a dar todo su apoyo en momentos difíciles y como ser social que es aumenta exponencialmente su capacidad de escucha y comprensión por el resto de personas que lo rodean cuando dichas situaciones tienen lugar en la vida diaria de ellos, pero a la vez somos incapaces de empañar los buenos momentos con obras que los hagan aun mejores, y nos limitamos a solidarizarnos con el resto cuando se nos pide o exige.
Con esto no pretendo hacer una critica destructiva ni dar lecciones de moral a la hora de comportarse; simplemente pretendo dar a conocer lo incompleto que es el ser humano y lo lejos que aun esta de la cima que conocemos como perfección.
Quizás esto sea una de las cosas por las que el ser humano es tan maravilloso e imprevisible.
Quizás esto sea una de las cosas, por las que a pesar de llevar miles de años de evolución, nos hagan seguir creciendo y avanzando hacia un ser, que no se si mejor o peor que el que eligió un camino diferente al mono en la escala evolutiva, pero que al fin y al cabo lo que busca día a día es su felicidad.

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