sábado, 5 de junio de 2010

QUEDATE

Aquel día la quise observar cada instante, me di cuenta que quería que fuese lo primero que viese al abrir mis ojos. La habitación estaba oscura a penas entraba un poco de luz por la ventana que como un pañuelo de seda se posaba sobre cada lugar de su cara y su pelo. Me daba cuenta de que quizás no fuese normal este comportamiento en mi, pero me sentía bien, me gustaba y no podía comportarme de otro modo.

A la mañana siguiente abrí los ojos y no estaba; como un loco recorrí toda la casa miré el baño, salón…. todos los lugares pero ni rastro ni tan siquiera una triste nota de despedida.

Salí a la calle busqué en cada esquina, interrogué a centenares de personas que habían coincidido con nosotros esa noche… pero todo esfuerzo resultó en vano. Parecía como si la hubiese absorbido la tierra.

Casualidades de la vida un 6 de Marzo del 98 paseaba tranquilamente por el centro, el día no era demasiado frío pero el cielo parecía avisar de una inminente tormenta. Minutos después me sorprendió la lluvia y entré en el bar más cercano para tomarme una cerveza y así refugiarme por un momento de la lluvia.

Mientras saboreaba la cerveza y sacaba un cigarrillo escuche una voz:

-“Perdone, ¿Puedo usar el teléfono del bar?”

No podía ver su rostro porque me encontraba de espaldas pero al instante reconocí aquella voz. Me giré y vi de nuevo aquellos ojos, ese pelo y una sonrisa única que se veía exaltada por la belleza de los labios que dibujan.

Sin decir nada nos miramos, parecía como si el tiempo decidiese haber hecho un descanso en su larga carrera.

Me levanté del banquete, tiré el cigarro y me quedé de pie, inmóvil, hipnotizado por su mirada. Ella decidió dar protagonismo en esta escena al silencio, agachó la mirada y se giró.

De repente me di cuenta que no podía dejar que volviera a marcharse, asi que di un paso, estendí mi mano derecha y entrelacé mis dedos con los suyos usando la inercia a mi favor para acercar mis labios a sus oídos y decirle que desde aquella noche no puedo conciliar el sueño en mi habitación, que echo de menos ver como los rayos de sol al amanecer descubren cada día una octava maravilla, que desde su marcha no puedo pisar mi habitación porque la encuentro vacía.

Ella sin más respiró profundamente y alejó gradualmente su oído para que lo que estuviese ahora pegado fuesen sus labios.

2 comentarios:

  1. puff!!!me a parecido de principio a fin una historia encantadora en la que llegas a engancharte para descubrir si la encuentra o no,porque todos en algun momento hemos querido encontrar a alguien que nos a dejado marcados de por vida,aunque no siempre se tiene esa suerte!!

    ResponderEliminar
  2. Como siempre increíble...

    ResponderEliminar